










Hablábamos la semana pasada de Guadalajara, la cuna del Fútbol Indoor en España allá por los albores del nuevo milenio, que ya casi no es nuevo y lo que queda viejo es el anterior. Y a escasos treinta kilómetros de la ciudad alcarreña está Torrejón de Ardoz, otra localidad muy vinculada al indoor desde tiempos inmemoriales, teniendo en cuenta que con el paso del tiempo la memoria ya no es lo que era.
Por eso el pasado viernes, mientras nos desplazábamos al Pabellón Jorge Garbajosa, entre chuzos e ilusiones, entre salidas de puente y regresos del trabajo, nos daba la impresión de imbuirnos en el pasado. Pasado reciente y no tan reciente, porque varias (algunas apoteósicas) han sido las citas en este coqueto recinto.
Ahí nos instalamos para deleitarnos con una sesión doble de nuestro deporte favorito. Ahí nos preparamos para una lluvia de estrellas, eternas y no fugaces, que previamente no había sido advertida por la mujer del tiempo; porque en el canal que habíamos sintonizado era una mujer la que nos prevenía de la inestabilidad meteorológica en toda España, sin hacer mención alguna al agrupamiento de estrellas que esa misma tarde se iba producir a pocos kilómetros de la capital de España.
Y en esas estábamos pensando, cuando de pronto en la cancha un Oporto, que se había desplazado con todo su arsenal, incluyendo armas de destrucción masiva, y un Atlético de Madrid invicto en la competición y con la vitola de favorito. Pero por mucho que números y estadística digan una cosa, es oír por megafonía los nombres de los portugueses y decir para nuestros adentros: “A ver como negocian este partido los colchoneros”.
Una hora después nos reafirmamos en nuestras convicciones, esas que dicen que en el indoor vale más un buen bloque que cualquier otra cosa. Las palabras de Miguel San Román, entrenador, alma y algo más de éste y de todos los Atléticos de Madrid, resumieron el choque: “Hemos hecho un buen partido a pesar de las ausencias”. Y así había sido; los rojiblancos, con notables ausencias en la convocatoria, habían controlado con relativa comodidad a Fernando Couto, Rui Barros, Capucho, Fernando Gomes… El Oporto puso punto final a su paso por la Liga Fertiberia, dando espectáculo y sin renunciar a un estilo que ha destacado en su primera temporada en esta exigente competición. Ni un pero a los portugueses y muchas loas a un invicto Atlético de Madrid que ya está metido en las semifinales.
Y la lluvia de estrellas apenas remitió unos instantes, porque sin solución de continuidad ahí estaban en la cancha, con una equipación de bandera, los Giner, Baraja, Engonga, Roberto y Juan Sánchez, dispuestos a que su Valencia venciese a su bestia negra en esta competición, a un Real Madrid del que se puede decir que juega de memoria.
Rebusco entre mis recuerdos y con los dedos empiezo a calcular los años que llevamos viendo jugar juntos, entre esas cuatro paredes, a Llorente, Amavisca, los hermanos Pérez Muñoz, Ramis… Y cuando estoy acabando con los dedos de la segunda mano mi atención se centra en la cancha y dejo mi particular cuenta; por todos es sabido que a los hombres nos cuesta mucho hacer dos cosas a la vez. Y entre hacer memoria o dejarme llevar por el espectáculo, pues que quieren que les diga…
Que en la cancha está el Pipo Baraja, gran sensación de esta temporada, y también está Fernando Sanz, incorporación rutilante a este Madrid hecho y que sí tiene la memoria a prueba de bombas para jugar todos los partidos con solvencia. Las transiciones de los blancos, de la defensa al ataque, son una delicia. Jugar y dejar jugar; ese es su lema. Y el espectáculo lo agradece y mucho.
La consecuencia de todo ello, un partido de cuartos de final entre merengues y chés, con treinta y un goles. Y matizaría: treinta y una Real, porque los blancos se ganan el pase a las semifinales dejando unas sensaciones más que positivas. Y dejando en la cuneta a un Valencia que se puede ir con la cabeza bien alta de esta quinta edición de la Liga Fertiberia.
Y el viernes que viene, otra doble jornada que se presume igual de emocionante; por el este y por el oeste. En Vigo, un derby gallego donde Celta y Depor se jugarán los cuartos. Sin un claro favorito y con el ambientazo que habrá. Y por Cataluña, en Montcada (otra localidad cien por cien indoor), el actual campeón, el solidísimo Sporting de Gijón, con la necesidad imperiosa de ganar en una difícil cancha contra un Barça que seguro que mostrará su mejor cara.
¿Se puede pedir más a los muchos que amamos este deporte? Quizás sí; pero sería pecado. Y no precisamente venial. Y en estos tiempos que corren, conviene vivir en paz y gracia con Dios. Porque nunca se sabe ni cómo ni cúando.